El binario está explicado al 100 %: no queda un byte sin asignar ni una rutina sin nombre. Lo que queda son preguntas de por qué, y esas el binario no las contesta solo.
El descarte en el que la máquina declara riichi sale de un sorteo más 3, 5 o 7 según la dificultad, y ese mismo número es el que le abre la puerta a cantar. Está leído qué hace y está medido que las tres teclas dan tres cantidades distintas. Lo que no está claro es hacia dónde tira: declarar riichi más tarde significa jugar más turnos sin descubrirse, pero también dejar pasar manos que podría haber cerrado antes. Para saberlo hay que jugar muchas partidas y contarlas, no leer más código.
Antes de cada mano, la máquina elige un plan y lo guarda en un byte. Está leído qué compuertas abre cada bit —hacia un palo, permitirse el pon, permitirse el chi, no defenderse— y está leído quién lo decide, con su marcador y sus honba. Lo que no está es qué significa cada plan en dureza: si el que sale cuando la máquina va perdiendo es más agresivo o simplemente distinto.
La primera fila de las dos tablas de pago es 0000, y aquí no existe el mínimo de 30 fu que en el riichi de cuatro impide llegar a ella. Sobre el papel, una mano abierta de escaleras, con espera ryanmen, ganada por ron y con una sola jugada, cobra cero más los honba. Está leído y comprobado a mano, pero no medido: no se ha visto ocurrir en el emulador.
El cartucho acaba en 0x9FE4 y detrás hay 8.219 bytes de 0xFF. Eso es compatible con una memoria de 32 KB con el último banco sin grabar y con una de 24 KB de la que el volcador leyó ocho de más, y desde el volcado las dos son idénticas. Solo lo aclara mirar un cartucho de verdad.
En la ronda del sur, una mano sin ganador no mueve el reparto aunque el que reparte no esté en tenpai, que es justo al revés de lo que hace en la ronda del este. Y si el jugador gana con menos de diez descartes, antes de destapar la mano de la máquina una ficha sorteada pisa su penúltimo hueco. Las dos cosas están leídas del código; si son intención o descuido, no lo dice.
Hay un tercer caso parecido: con cuatro fichas iguales en la mano ordenada se borra la marca de la ficha de ron, lo que cambia los fu de esa figura. El qué está claro, el porqué no.